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‘Freeride’, o como hacer el cabra con una bici

Bicicletas BH -  Ocio

Esta modalidad de MTB no responde a normas concretas, ni se ajusta a ningún estilo definido. El límite lo pone el propio rider... pero su prudencia, experiencia y pericia sobre dos ruedas pugnan con el irrefrenable deseo de firmar una ‘locura’ cada vez más arriesgada, ser el protagonista de un salto imposible o poner su nombre a una nueva figura.

El freeride nace de la evolución natural del mountain bike y busca, al igual que pasa en otros deportes como el esquí o el snowboard, libertad absoluta de movimientos, sin ceñirse a unas normas, a un cronómetro, a un circuito o a unos límites claramente definidos. Este ciclismo libre o ‘freestyle’, como también lo llaman algunos, trata de sorprender con las filigranas aéreas o terrestres más espectaculares realizadas sobre en los obstáculos naturales o artificiales de una montaña, ciudad o el lugar donde te puedas imaginar que pueda rodar una bici.

Es una ‘disciplina’, si es que somos capaces de imaginar esta palabra unida a lo que ya es considerado por muchos riders como un ‘estilo de vida’, que tiene a su vez diferentes variantes; Street o Urban biking, que consiste en realizar maniobras aprovechando el mobiliario urbano para hacer los tricks o acrobacias; ‘dirt jump’, grandes vuelos gracias a rampas de tierra; ‘flatland’, filigranas en terreno llano; ‘park’, acometer una sucesión de rampas y otros obstáculos variados para hacer acrobacias varias; o ‘vert’,  utilizando la bici para volar en el medio tubo, la U propia del skateborading.

Otra forma de practicar freeride, y quizá la más original o pura, sea la de elegir el lugar más salvaje o agreste que se te ocurra, aquel donde nadie ha montado antes o por lo menos donde muy pocas personas lo han hecho, y cruzarlo con tu MTB. Por ejemplo las llanuras de Sudamérica, los terrenos áridos de África o los espesos bosques de Canadá, por ponerte unos ejemplos que encajarían con el ‘pensamiento freeride’.

‘The North Shore’, cuna de los primeros ‘locos’

Precisamente la tierra de la hoja de arce y los policías montados es la madre patria de los primeros ‘freeriders’. Es en Canadá, aunque existen otros muchos lugares, donde se pueden encontrar esas vastas extensiones de bosques que son el terreno perfecto para crear circuitos “northshore” de gran dificultad técnica.

La ‘North Shore’ situada en la Columbia Británica, en Vancouver, es la meca de este deporte extremo. En este lugar existe infinidad de lugares en los que poder practicarlo, pero destacan especialmente Mount Seymour, Mount Fromme y Cypress Mountain, los primeros sitios en disponer de circuitos ‘downhill’ y de incorporar obstáculos naturales y artificiales.

La principal asociación que impulsa esta variedad del MTB en ese país es la ‘North Shore Mountain Biking Association’ (NSMBA), a nivel internacional existe también la International Mountain Bicycling Association, que se dedica a promover la practica del freeriding y también a proteger los circuitos más apreciados por los riders, ya que la expansión urbanística y las normas de conservación de espacios naturales está acabando o delimitando mucho estos ‘paraísos’ para la práctica del freeride.

Sin reglas… pero regulado

Aunque el espíritu del freeride apela a la ausencia de reglas, también es posible encontrar este deporte más o menos regulado en campeonatos oficiales, si bien las reglas son mínimas y únicamente van dirigidas a la seguridad y el ‘fair play’ de los competidores, a los que se les recomienda llevar consigo espinilleras, un casco integral y una coraza.

Así podemos encontrar el RedBull Rampage, que se proclama la primera y más importante competición freeride de montaña del mundo y que tiene lugar desde 2001 en las rojas estepas cercanas a Virginia (Utah, EE.UU), en la que riders de la talla de Kyle Strait, Davie McGrat o Cedric Gracia tienen que salvar un desnivel vertical de 500 metros entre dos puntos eligiendo libremente como hacerlo.

También existen otras en la que priman las figuras realizadas en saltos artificiales o naturales, como el Adidas Slopstyle, que pone en liza a los mejores riders de la especialidad, como Sam Pilgrim, Lance McDermott o Andreu Lacondeguy, para demostrar quien es el que puede lograr el ‘trick’ más espectacular y original posible.

Una montura diferente

Las bicicletas específicas o más orientadas a este tipo de variante del MTB suelen tener la particularidad de montar doble suspensión (trasera y delantera) regulable y también suelen tener cuadros algo más pequeños que las monturas de MTB puro o las de descenso.

El cuadro suele ser de carbono, para las de gama más alta, o de aluminio, que es el más habitual entre los no profesionales, y con un recorrido de 100-180 mm. Uno de los aspectos más importantes que se busca en este tipo de bicicletas es su ligereza, por eso la última tecnología de carbono, que rebaja el peso de las ‘dobles’ hasta rondar los 10 kilos, es de lo más deseado.

2008 - BH Bikes