
La máquina biplaza es un invento ideal para introducir en el mundillo del ciclismo a gente que no lo suele practicar.
El mundillo de la bicicleta en su vertiente cicloturista permite conocer gente y profundizar en las amistades. Como en toda tarea conjunta, la solidaridad y el compañerismo que nace entre dos o más personas que comparten esfuerzos en un viaje de varios días es grande. Pero hay una forma aún más conjuntada de pedalear, más social si se quiere: el tándem, esa bicicleta biplaza (e incluso más) que implica coordinación y diálogo máximos entre sus ocupantes, para su avance. Y que, una vez lograda la armonía, multiplica también el disfrute común.
En el tándem, el cicloturista más fuerte (si lo hay) no tiene que esperar al más débil, sino cooperar con él. Esta máquina a pedales sirve, a la vez, para que el ‘gusanillo' del ciclismo pique a gente no iniciada, que se ve siempre acompañada en las excursiones. Porque, posiblemente, si queremos que nuestra pareja o nuestro amigo se aficione a la bici como nosotros, una bicicleta individual tiene más posibilidades de fracasar que ésta, en la que la compañía, y el esfuerzo suplementario del otro, son obligatorios.
La máquina en sí, en un tándem biplaza, no difiere excesivamente de las bicicletas comunes, pese a su aspecto alargado. Simplemente, y resumiendo un poco, el cuadro y otros componentes son de mayor resistencia, y manillares y sillines se multiplican con dos, aunque el único manillar director es el de adelante. Las ruedas suelen ser más gruesas y reforzadas, con un mayor número de radios, ya que el peso también es doble, además de que normalmente van infladas con mayor presión de lo normal, por el mismo motivo. (...)
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