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La bicicleta, la mejor manera de moverte por la ciudad (y II)

Ander de la Huerga paseando por Donosti

En una ciudad de tamaño medio, como es San Sebastián-Donostia, la capital guipuzcoana, sucede lo que en todas las superficies urbanas: parece que la mayor parte de la gente no sabe ir sin su coche a ninguna parte.

María: “Me da más libertad”.
“Prácticamente hacía 20 años que no cogía una bicicleta, y fue un descubrimiento total”, recuerda María Beitia. El reencuentro con la máquina de los pedales pasó… “hace dos o tres años, ¿puede ser?”, se pregunta. La usa para “ahorrarme el autobús y los malos humores que suele haber por la mañana; me era más cómoda para ir a trabajar y prescindir un poco del transporte público, que aquí no funciona tan bien como dicen algunos…”.

La cuestión es que ella comenzó a trabajar “en un sitio que estaba a 25 minutos andando desde casa, y como tenía horario partido tenía que hacer el trayecto cuatro veces al día”. A bordo de la bicicleta, solución que le recomendó una amiga que la usaba habitualmente, descubrió que podía completar cada viaje “en diez minutos”.

“Y me sirve para tener más libertad”, añade, palabra que otros muchos asocian exclusivamente al coche. “Hay planes que me dan menos pereza con la bicicleta”, por ejemplo acercarse a otros barrios “sin tener que depender de nadie”. Y en un buen número de rutas tarda bastante más con el autobús… Ella la usa “tanto de noche como de día”, siempre y cuando no llueva demasiado. “Está bien para andar por la ciudad”, opina, “sobre todo en verano”.

“Creo que los ciclistas estamos un poco mal vistos” por los peatones, se queja, no obstante, María. “Ellos dicen que sólo podemos usar el bidegorri (carril bici), pero hay zonas en las que ni existe”. Y por otro lado “yo quiero reivindicar la acera también para las bicicletas”, porque el asfalto, incluso el urbano, “es muy peligroso para el ciclista. Y creo que no habría ningún problema” en compartir la acera con los peatones; “claro que hay gente que va como loca”, pero el ciclista normal no es así; por ejemplo, “también hay gente que va a toda velocidad con el coche y no prohíben andar con él”.

Además, “en Donosti cada vez te ponen más difícil andar en bici”, continúa. “Hoy mismo han aprobado una normativa”, según la cual no se podrá aparcarla “ni en mobiliario urbano, ni en árboles”. Y ella no está de acuerdo, al menos “mientras haya sólo los cuatro aparcamientos de bicis que hay ahora. Que sí, que algunos son muy monos, pero sólo hay sitio para dos bicicletas…”.

Pulsar la ciudad “y a uno mismo”, según Ander
Ander de la Huerga es otro ciclista urbano empedernido. Su relación cotidiana con la bici comenzó “hace ocho años, cuando empecé a trabajar y a usarla con vehículo de movilidad”. De hecho, en un caso similar al de José Martín, inicialmente se tenía que desplazar a Tolosa (a unos 25 kilómetros de San Sebastián) y para eso combinaba pedales y tren de cercanías. Una vez siguió su vida laboral en Donostia, mantuvo su saludable costumbre por ser la bicicleta “la forma más cómoda de desplazarme, ahorrando muchísimo tiempo, dinero y libertad”, coincide con María. “No dependes de horarios de autobuses, ni de si están llenos o no, ni del coche, etcétera”.

En lo que no está tan de acuerdo es la reivindicación que hace Beitia sobre las aceras. Si falta el carril bici, él usa “siempre la carretera, incluso en las peores” en cuanto a tráfico y espacio se refiere. “La acera es para los peatones, y por despacio que vayas, te mueves más rápido que el peatón y siempre que metes un vehículo por la acera es fácil asustarle”, lo que a su modo de ver convierte la mezcla en peligrosa.

Tampoco concibe las inclemencias meteorológicas como un problema: “Donosti es lluvioso, pero peores son las ciudades del norte de Europa”, donde la bicicleta está sin embargo tan arraigada. “Y además no son tantos los días en que llueve durante el rato en el que yo me desplazo”. Si las precipitaciones son fuertes a la hora de ir a trabajar, “uso el transporte público”, y aunque sale tarde de sus ocupaciones laborales y no suele haber ya autobuses, por motivos lluviosos “pueden ser tres o cuatro taxis al año los que llego a coger”, nada más. Por si fuera poco, cuando va en bici a la ida pero llueve a la vuelta… no pasa nada: “Es una gozada mojarte un poco, llegar a casa, darte una ducha y descansar”.

Total que se ha acostumbrado a vivir de la mano de su bicicleta: “Para salir de marcha, para ir a comprar al súper… Y en las vacaciones, si no la voy a utilizar, siempre hay algún amigo al que le viene bien”. Porque Ander, que presume de no haberse sacado carné para ningún vehículo a motor, maneja una teoría práctica y a la vez filosófica de la bicicleta: “Te hace estar más en contacto con la ciudad, con la gente y contigo mismo”. Porque sobre la bici “vas notando cómo está tu cuerpo” cada día, “y viene muy bien para ir pensando. La moto quizá también te puede permitir pensar, pero no notas cómo estás físicamente”. Por si fuera poco, si marcha holgado de tiempo, a la ida o la vuelta, “puedes hacer paradas técnicas donde quieras”, visitar a quien sea y lo que sea, “y así vas viendo cómo está el ambiente en la ciudad”.

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