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El Tourmalet es posible (I)

Ion Urrutia, cicloturista guipuzcoano, cuenta cómo vivió su ascensión al mito

Si alguien le pidieran dar el nombre de un puerto mítico, el pirenaico Tourmalet se llevaría un buen número de primeras respuestas. Para coronarlo, sin embargo, no hace falta ser un superclase mundial.


Es coloso francés es duro, muy duro; pero un cicloturista con cierta preparación y constancia está en condiciones de escalarlo, sabiendo además que no hay más rival que uno mismo y que no hay por qué llegar castigado con las kilometradas previas que se meten los profesionales del pedal… Una cumbre como la del Tourmalet puede estar al alcance de mucha gente, como nos cuenta Ion Urrutia, aficionado a la bici de 29 años y natural de Andoain (Guipúzcoa) que jamás ha competido y que hace unos meses marchó a las faldas del mito y terminó superándolo.

Recuerda Ion que hasta los 15 años no le prestaba atención a la máquina de dos ruedas, salvo que la usaba para ir a clase. Con su amigo Asier, quien lo acompañó en su pequeña aventura, empezó a quedar los domingos para andar en la BTT. Pero ya con 18 “veíamos por la tele a Indurain y a estos y dijimos, ‘vamos a comprarnos bici de carretera…”. De todos modos, pese a ser seguidor del ciclismo y del Tour, tampoco frecuenta este último. “Es que cuando hay tanta gente a mí no me gusta, ni salir fuera: soy muy casero, y además ¡en la tele se ve muy bien!”, sonríe. El reto de enfrentarse al mito fue más bien idea de su compañero de fatigas: “Al otro (Asier) se le metió en la cabeza. Dijo, ‘¿vamos al Tourmalet?’. Pues vamos”, se animó Ion. “Me gusta sufrir, me gusta sudar; un poquito ‘pirao’ ya estoy”, confiesa.

El de Andoain es deportista, pero sus ocupaciones diarias no le dejan tiempo más que para tres horas semanales de bici estática y una salida los fines de semana, de entre 80 y 100 kilómetros, sin tanta cuesta como se encontraría en los Pirineos. El esfuerzo es distinto del necesario para superar un coloso de casi 20 kms. de pendiente, por lo que, eso sí, las semanas anteriores a viajar “hice pesas, para coger pierna”, y se entrenó algo más; “yo creo que me preparé bien”.

Tomas de contacto en Lagos.
En honor a la verdad, Ion ya había probado con alguna otra subida legendaria, concretamente la de Lagos de Covadonga, en Asturias. Aprobó a la segunda; la primera vez se acercó en una etapa de la Vuelta a España “que ganó Zintchenko” (2000), rememora, “pero yo no pude subir. Me pilló lesionado en el tobillo y por entonces no andaba en bici, casi. Puse platos y piñones especiales”, más pequeños, “pero aguanté tres kilómetros…”. Asier siguió un poco más, aunque también terminó dándose media vuelta.

“A los dos o tres años fuimos otra vez a Lagos”, sin carrera profesional de por medio y con multiplicaciones al uso, “y los dos llegamos arriba. Pero a mí me quedó la espina de que me tuve que bajar un momento en el tramo más duro, que es la Huesera, porque había un autobús parado que ocupaba los dos carriles…”. Y los buscadores de retos gustan de completarlos del todo, como logró años más tarde en dos gigantes del Tour (...)

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