Siguiendo fáciles consejos es perfectamente compatible con el pedaleoAntes de ponernos en serio con la etapa que queramos recorrer a lomos de nuestro caballo de dos ruedas, conviene realizar un calentamiento suave de 20 minutos, incluyendo pequeñas series un poco más intensas, para que el cuerpo –y también esos bronquios traicioneros- adviertan qué nos disponemos a hacer.
Eso no le resta importancia al broncodilatador, habitualmente inhalado. Es una solución de urgencia, pero las urgencias se dan en el mundo del asma. Hagámosle un hueco entre nuestro ligero equipaje de cada salida en bicicleta, que ni abulta ni pesa. Y aunque siguiendo las recomendaciones del calentamiento no tiene por qué hacernos falta, nunca está de más. Es más, probablemente el médico incluso nos recomiende una pequeña inhalación momentos antes de cada marcha. Atengámonos a lo que diga él.
Cuidado con…
Hay factores que potencian o facilitan los efectos asmáticos. Uno de ellos es obvio: los alérgenos, aquello que provoca la alergia, tan frecuentemente asociada al asma. Por ejemplo, el polen. Si el polen nos afecta, lógicamente tendremos que actuar en consecuencia, quizá incluso prescindiendo de la bicicleta cuando –siguiendo el mismo caso- las plantas que nos ‘atacan’ sueltan sus pequeños granos. Nunca es demasiado tiempo.
Otros contribuyentes al asma son el frío y la sequedad, así que si la temperatura es baja, conviene llevar bufanda, o ‘braga’, para tapar boca. Recordemos que la nariz es un filtro natural incorporado para chequear el aire que respiramos, y sirve también para calentarlo y humedecerlo, lo que dificulta que nuestro engorro aparezca. Es decir que, si tenemos costumbre de respirar por la boca, cambiémosla: para eso está el apéndice nasal.
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