La ruta está indicada por postes Recorrido :
53 km.
Horario : 3h.
Dificultad : Media.
Este tramo de la ‘Ruta de Don Quijote’ trascurre por una zona salpicada de cuevas y humedales, con una rica variedad de fauna y flora. Es un recorrido de gran belleza, en especial sus últimos kilómetros, ya que atraviesa impresionantes desfiladeros, además de no entrañar excesiva dificultad.
El río Riánsares y lagunas como las de Taray, Laguna Larga, Peñahueca , Tirez y La Albardiosa muestran su belleza natural siendo unos auténticos oasis en la llanura manchega. Esta zona descubrirá al viajero las casas-cueva o viviendas subterráneas, el principal atractivo turístico de la zona, junto con sus típicos molinos de viento.
Villacañas-La Guardia
La ruta parte de Villacañas, cuyo nombre procede de ‘Villar de Cañas’ (originario de 1229), hacia el cementerio. No debemos continuar sin admirar la casa consistorial del siglo XVII y la iglesia de la Asunción, gran representante del paso del estilo gótico al renacentista. Entre grandes campos de cebada y viñedos el camino, que discurre en paralelo a la CM-3001, nos llevará hasta Lillo, situada a 15 kilómetros.
Las preciosas ermitas de Monroy y, un poco más adelante, la de San Antón de Lillo, en lo alto del cerro de San Antón, nos despedirán cuando dejemos atrás este municipio. Hay que tomar la Vía Verde, antiguo trazado de un tren militar, que nos llevará hasta la estación abandonada de Corral de Almaguer. Poco antes de llegar a esta estación, o volviendo unos metros hacia atrás, debemos tomar el ramal de la izquierda que nos conducirá hacia La Guardia.
En el kilómetro 30 entraremos en una zona de cuevas y construcciones hechas en la roca, utilizadas por los pastores para guardar el ganado. A partir de este punto el terreno descenderá hasta cruzar el arroyo de Testillos, situado a 7 kilómetros, y volverá a subir hasta llegar a la finca Tajonera, un típico caserío manchego.
Cruzamos la CM-3001, que une Lillo y Villatobas, y entraremos en la zona más bella del recorrido. Los últimos 10 kilómetros del recorrido, y la llegada a La Guardia, se realiza descendiendo por una bella zona de monte, con desfiladeros y abundante vegetación, típica en zona de humedales.
En La Guardia no debemos dejar de visitar el ‘Convento de los Trinitarios’, perteneciente a la Orden de los Trinitarios Calzados y la ‘Casa de los Jaenes’, esta última del siglo XVII y en la que destaca la portada, con un escudo nobiliario de muy buena factura. También son interesantes los restos amurallados que aún se conservan y el yacimiento neolítico del Cerro de la Atalaya.
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