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Articles and routes

Enjoy the world mounted on your BH

Is there anything better than travelling? The answers to these questions can be diverse… but  if we change the question to: Is there anything better than travelling the world on your BH? The answer is clear: ´There isn’t anything more spectacular than enjoying a first eye glance at the diversity of our planet, being in direct contact with nature with your companion, your BH.´ The world will seem small to you…

Una semana por el Atlas Marroquí

La espina dorsal de Marruecos es una cordillera que lleva el nombre de un titán mitológico, Atlas, que sostenía sobre sus hombros la Tierra y el firmamento. Como buen gigante, el Atlas marroquí se eleva hasta más de 4.000 metros, y supone una frontera natural entre el clima más benigno del Mediterráneo y el desierto del Sahara.

Por eso, cruzarlo se llena del significado de superar una barrera entre dos mundos. Ese reto y disfrute a la vez llama la atención de muchos viajeros de latitudes más domesticadas, y dos de ellos son nuestros protagonistas de hoy. Se trata del guipuzcoano José Ángel López, Kote para los amigos, y el albaceteño Jorge Divi, cicloturistas que realizaron una ruta de cerca de 400 kilómetros a través de esas imponentes montañas, regresando con las alforjas cargadas de vivencias.

Su plan inicial era el de unir El Ksiba, en la parte céntrica del país y al norte de las cumbres, con la zona de Zagora, próxima a la sureña frontera argelina. Pero el solazo obligó a modificar algo los planes, y los dos aventureros dejaron la ruta prevista al cuarto día, en Tinehir (unos 270 kilómetros después de la salida), para hacer otro centenar por otro lado, en el entorno de Ouarzazate, algo más cerca de Marrakech, donde los había dejado el avión y había que tomarlo de vuelta. Este cambio se debió a que el termómetro subía cada vez más, y por si fuera poco se toparon con otros extranjeros en un plan parecido, “que nos recomendaron seguir la otra ruta”, la de la segunda parte del viaje. “Y decidimos no arriesgar”, argumenta Kote, sobre todo porque encontrar agua en el camino no estaba nada claro.

La ruta autodiseñada

¿Por qué Marruecos, por qué el Atlas? Su compañero de fatigas, Jorge, “hace parapente”, comenta José Ángel, “y había estado en Marruecos más veces”, practicando su pasión aérea. En uno de esos viajes “le llamó la atención la idea de hacer un recorrido en bicicleta”. Así que, madurando la propuesta, “nos planteamos cruzar de norte a sur el Atlas Alto, llamado así por la latitud, no por la altura de sus montañas; es más alto el Atlas Central”, explica, y de hecho la que ellos realizaron es la forma más larga pero menos elevada de superar la cordillera. Esta iniciativa la suele emprender “más gente”, pero no es una ruta predeterminada, sino que “buscando unas referencias en Internet, la diseñamos”.

Acerca de las vías usadas para su recorrido magrebí, “había tramos asfaltados y sin asfaltar, algunos de ellos muy malos”, continúa López. Lo que sucede es que “lo que aquí llamamos carretera, allí se lo llaman a cualquier pista que sirve para comunicar pueblos”. Y en todas las aldeas había vida, además amable con el forastero. Contrariamente a un tópico que puede circular por algunas mentes, “es un país muy seguro”, afirma Kote. “Es muy difícil que allí te roben, porque se lo prohíbe su religión”.

La que los dos expedicionarios denominan “etapa cero” fue la aproximación al punto de partida, con las bicis bien embaladas para realizar el viaje en avión, de Madrid a Marrakech.

Después de haber volado el 2 de junio (sector centro-oeste del país, más o menos), al día siguiente ellos y sus máquinas de dos ruedas usaron el autobús para cubrir los aproximadamente 300 kilómetros hasta El Ksiba, desde donde los pedales empezarían a actuar poco después, impulsados por las piernas. “Los autobuses no están precisamente limpios, y para amenizar el viaje te pueden poner los versos del Corán durante las seis horas que puede durar”, recuerda el cicloturista de Lasarte-Oria, a modo de anécdota.

En el viaje ciclístico que comenzó a continuación alcanzarían “una cota máxima de 2.700 metros”, rememora. Y hubo que ascender “varios puertos”, pero el problema no era su dureza en sí, sino “el calor”, como más tarde detallará. Cabe señalar que José Ángel y Jorge practican el cicloturismo con cierta asiduidad, pero asegura el primero que para cruzar el Atlas como ellos “no hace falta un gran nivel”, sino ganas, “costumbre” de andar en bicicleta “y poco más”.

Hospitalidad

 

El caso es que la primera jornada ( 47 kilómetros ), desde El Ksiba, era una de las más montañosas, con 1.470 metros de desnivel ascendente acumulado. De hecho, iban a hacer noche en lo alto de un puerto, en Tizi n Isly, segundo pico de la etapa. En sus investigaciones previas “habíamos visto que figuraba un pueblo con alojamiento. Pero en primer lugar, no nos dio tiempo a llegar” porque la noche se les echó encima, tras el tute en autobús. Y, en segundo lugar, el albergue no existía, como comprobaron al día siguiente. Eso sí, tuvieron la fortuna de que una familia los acogió en su casa particular, sin electricidad ni agua corriente, pero con las puertas bien abiertas para los dos.

 

Los paisajes marroquíes iban ganando en sequedad a medida que la ruta descendía por el mapa. “Al norte, donde empezamos, era más parecido al Mediterráneo” ibérico, “con más verde. “Pero conforme íbamos hacia el sur, no había verde nada más que por los valles donde pasaban los ríos”, por ejemplo palmerales. Por eso los dos cicloturistas solían alejarse lo menos posible de los cauces. Precisamente a causa del calor, los dos audaces amigos “descartábamos las horas centrales del día” en su pedaleo. Porque “cuanto más al sur íbamos, a partir de las 10 de la mañana… mal”, recuerda Kote. Las temperaturas llegaban a ser de 40ºC , pero peor aún era “cómo pegaba el sol”.

 

En la segunda etapa ( 92 km .), otra vez de montaña, coronaron el alto y bajaron hacia Checret, desde donde prácticamente no harían otra cosa que subir durante 70 kilómetros hasta la localidad de Bouzmou.

 

Pasaron asimismo por el lago de las Damas, “un oasis de película”, asegura Kote. Y en la tercera (90 kms.), tras superar la cota máxima de la expedición, gran bajada con dirección a las gargantas de Todra, espectaculares desfiladeros pero quizá excesivamente turísticos.

 

La cuarta etapa fue más suave y duró poco, en dirección a Tinehir (38 km.), donde los expedicionarios volvieron al autobús para marchar donde les habían sugerido, más cerca de Ouarzazate. Concretamente, tras ese intervalo motorizados, unieron de nuevo en bici Tizi n Tichka y Telouet (35 kms.), esa misma tarde. “Allí hacen lo que sea para venderte una alfombra”, e incluso les organizaron “un concierto de música tuareg”, para atraer a los foráneos…

 

El último tramo, Telouet-Ouarzazate, supuso 68 kilómetros bastante calurosos y de orografía quebrada pero muy descendente. Un precioso valle fue uno de los hitos de este último día, y Divi y López dejaron por fin el sillín, para retornar a Marrakech en autobús y visitarlo al día siguiente, sobre todo su famoso zoco. El día 9, la dupla voló de vuelta a Madrid, después de una semana de tal intensidad que les parecieron muchas más.

Atrás en el tiempo

 

Jose Ángel sólo esgrime un pero a la experiencia: “Que algunas zonas eran ya demasiado turísticas”, por ejemplo las gargantas de Todra; incluso había visitantes “que llegaban en todoterreno, y así”. Por eso los lugareños “nos pedían pasta”, acostumbrados a los turistas más pudientes que podían encontrarse habitualmente, “y no la teníamos…”. Pero sobre todo se queda con la aventura entera, de modo que lo mejor “fue el viaje en sí. Porque es como retroceder atrás en el tiempo”, señala López, a la vez que destaca la extrema amabilidad de los pobladores locales. Por ejemplo la familia que los acogió camino a Tizi n Isly: “Esa gente se volcó con nosotros, dándonos de cenar y desayunar, y pan para el viaje. Fue una verdadera lección de generosidad”, algo que no abunda en el supuesto primer mundo.